Terapia

Vivimos en un mundo lleno de constantes cambios, en el que continuamente se presentan oportunidades o dificultades que pueden generarnos incertidumbre en algunos ámbitos de nuestra vida.

Las personas, a su vez, nos encontramos en un incesante proceso de desarrollo personal, pues no solo debemos enfrentarnos a las crisis existenciales propias de cada etapa, sino también a diferentes situaciones complejas generadas por conflictos entre nuestros deseos, obligaciones, necesidades y prohibiciones o expectativas y fracasos, o también debidas al miedo al juicio social, a los conflictos relacionales, a la necesidad de complacer a los demás o a la dependencia en las relaciones.

Todas estas situaciones provocan estados emocionales que muchas veces no sabemos cómo afrontar: el miedo, la ira, la rabia, la angustia, la tristeza o la culpa son emociones que, aunque son necesarias, a menudo se intentan evitar escogiendo aquellas decisiones que eludan sentirlas. Entonces nos encontramos delante de personas que no son libres, y esta falta de libertad provoca trastornos psicológicos como ansiedad, depresión, claustrofobia, agorafobia o adiciones, entre otros.

A través del proceso de terapia acompaño a mis pacientes a dotar de significado a su sintomatología y a potenciar sus propios recursos para hacer frente al trastorno psicológico que esté sufriendo, lo que concederá a su vida mayor bienestar y a su vez también favorecerá su desarrollo personal.

Poder sentirse bien con uno mismo, con los demás y con el mundo es imprescindible para nuestro bienestar, y el espacio de la terapia busca y puede facilitar al individuo, a la pareja o a la familia aquellos elementos que les van a permitir conseguirlo.