Aprender a relacionarte contigo desde el cuidado

Hay personas que viven acompañadas de una voz interna profundamente dura. Una voz que aparece cuando sienten que han hecho algo mal, se han equivocado, no han respondido como esperaban o sienten que no han estado “a la altura”. En esos momentos, además del malestar o de la frustración, también aparece un diálogo interno que las machaca constantemente: “soy inútil”, “qué tonta”, “todo lo hago mal”, “debería haberlo hecho mejor”.

Cuando abordamos este tipo de situaciones en sesión, las personas identifican esa parte de ellas que les machaca como una nube negra que las tortura constantemente, un policía o un juez señalándoles una y otra vez aquello que han hecho mal, aquello que deberían corregir o todo aquello en lo que sienten que fallan.

Cuando una persona vive así, en su mundo interno suelen convivir una parte que se siente avergonzada, pequeña, insuficiente o defectuosa y una especie de voz crítica o detractora que no deja de señalarle sus errores, ridiculizarla o hacerle sentir todavía peor consigo misma.

Muchas personas creen que esa voz crítica les ayuda a mejorar, a no equivocarse o a exigirse más. Pero en realidad, muchas veces ocurre lo contrario. Esa voz no acompaña ni ayuda a crecer. Lo que hace es generar más miedo, más inseguridad y más sensación de indignidad. La persona no aprende desde el cuidado, sino desde el ataque constante hacia sí misma.

 

Con el tiempo, algunas personas viven tan acostumbradas a este diálogo interno que casi ni se dan cuenta de hasta qué punto se tratan mal. Se relacionan consigo mismas desde la humillación, la presión o el desprecio, diciéndose cosas que jamás le dirían a alguien a quien quieren.

Y muchas veces esa voz no aparece de la nada. Suele construirse a partir de experiencias donde la persona sintió mucha crítica, vergüenza, comparación, humillación o sensación de no ser suficiente. Poco a poco esa mirada externa acaba convirtiéndose en una mirada interna.

Por eso en terapia es importante trabajar la relación que la persona tiene consigo misma. Aprender a identificar cuándo aparece esa voz crítica, entender qué intenta hacer y transformar progresivamente ese torturador interno en una voz más cuidadosa y compasiva.

Porque mejorar emocionalmente no consiste en dejar de equivocarse, sino en aprender a tolerar y aceptar quién eres.  muchas veces ese proceso resulta muy difícil hacerlo solo. La terapia puede ayudarte a entender de dónde viene esa voz que te machaca, cómo afecta a tu manera de relacionarte contigo y con los demás y cómo empezar a construir una relación interna más basada en el cuidado.

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Laura Esquinas

Psicóloga Clínica

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