Cuando dices “como tú quieras” pero no es verdad

Carmen se cambia de trabajo porque ha encontrado una opción que le ilusiona más. Cuando comunica su decisión en la empresa actual les dice que puede quedarse el tiempo que necesiten. La frase suena responsable y colaboradora, pero cuando le pregunto cuánto tiempo estaría dispuesta a quedarse, me dice que le gustaría dar como máximo quince días y, si fuera menos, mejor. Eso es lo que realmente desea. Sin embargo, no lo ha expresado.

Al decir “como vosotros necesitéis” se coloca en una posición difícil. Por un lado, parece disponible y flexible, confiando en que en su trabajo serán considerados y no la pondrán en un lugar que le perjudique. Da por hecho que el otro va a intuir su límite sin que ella lo haya formulado. El problema es evidente: si ella no comunica su posición, esa posición no existe para el otro.

Cuando uno no marca su propio marco, el marco lo establece la otra parte. Si la empresa decide que se quede más tiempo del que ella desea, es probable que aparezca malestar. Puede sentir que no la tienen en cuenta o que abusan de su disponibilidad. Pero en realidad no han vulnerado un límite, porque ese límite nunca fue dicho.

Muchas personas me cuentan en sesión que esta es su respuesta habitual en lo social, casi una fórmula que les sale sin pensar: “como tú quieras”, “cuando tú quieras”, “tú mismo”. Dichas así parecen expresar flexibilidad. Parece que la persona que las dice no tiene una preferencia clara o que le es indiferente lo que ocurra. Sin embargo, en muchas ocasiones no es así.

Detrás del “como tú quieras” suele haber miedo. Miedo a parecer egoísta, a generar conflicto, a decepcionar, a perder la buena imagen o a no ser considerada como una persona responsable. Para evitar ese posible malestar anticipado, se cede antes de que nadie lo pida. Se ofrece una disponibilidad total que no es real.

El coste de esta forma de posicionarse acaba apareciendo porque la persona puede estar reprimiendo su deseo y este patrón se puede acumular en forma de frustración o de rabia. A veces surge la sensación de injusticia, acompañada de pensamientos como “con todo lo que yo he hecho” o “encima que he sido flexible”. También puede pasar que la persona no escuche su propio criterio y que eso la lleve a desconectarse de sí misma.

Antes de responder con un “como tú quieras”, puede ser útil detenerse un momento y preguntarse si realmente es indiferente la decisión o si se está evitando expresar una preferencia. Nombrar un límite no es un acto de egoísmo. Es una forma de responsabilidad que permite que los acuerdos sean claros y que las relaciones se construyan sobre lo que cada uno puede y quiere ofrecer.

Si consideras que puede ser útil trabajar estos aspectos en un espacio terapéutico, puedes ponerte en contacto conmigo.

Laura Esquinas

Psicóloga Clínica

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