Cuando el pasado sigue presente
Últimamente, la palabra trauma está muy presente, especialmente en las redes sociales.
Hay personas que se sienten incómodas al utilizarla para hablar de algo que les ha sucedido. Piensan: «¿Cómo voy a llamar trauma a lo que me pasó si hay personas que han sufrido malos tratos, abusos, una guerra o un desastre natural? Eso sí que es un trauma».
Pero ¿qué es exactamente un trauma?
Cuando hablamos de trauma psicológico, no hablamos únicamente de la gravedad de lo que ocurrió, sino también de lo que esa experiencia supuso para la persona y de cómo pudo elaborarla e integrarla.
Integrar una experiencia significa poder incorporarla a nuestra historia como algo que ocurrió y nos afectó, pero que pertenece al pasado. Cuando una experiencia deja una huella traumática, podemos seguir reaccionando en el presente como si aquello todavía estuviera ocurriendo o pudiera volver a suceder en cualquier momento.
Imaginemos, por ejemplo, que de pequeña se reían de ti por tu cuerpo. Quizá hoy eres una persona adulta y nadie se está riendo de ti, pero evitas determinadas situaciones, estás especialmente pendiente de las miradas de los demás o interpretas una risa cercana como una posible burla. No estás decidiendo conscientemente reaccionar así. Has aprendido a protegerte de algo que en su momento te hizo mucho daño.
Podemos pensar también en alguien que creció recibiendo fuertes reprimendas cada vez que cometía un error o no hacía las cosas perfectamente. Años después, una crítica relativamente pequeña puede desencadenar una reacción mucho más intensa de lo que la situación actual parecería explicar: miedo, bloqueo, necesidad de justificarse, ganas de huir o una enorme angustia ante la posibilidad de equivocarse.
Es como si nuestro cuerpo hubiera aprendido que, cuando ocurre algo parecido, hay peligro.
Ante estas situaciones, no todas las personas respondemos de la misma manera. Algunas intentan evitar aquello que pueda recordarles lo vivido. Otras reaccionan enfrentándose o poniéndose rápidamente a la defensiva. Otras pueden quedarse paralizadas, sin saber qué hacer ni qué decir. También pueden aparecer respuestas disociativas: momentos en los que nos desconectamos de lo que sentimos, funcionamos en automático o sentimos cierta distancia respecto a lo que nos está pasando.
Estas respuestas pueden haber tenido, en su momento, una función protectora frente a algo que no contábamos con recursos suficientes para afrontar.
Hay acontecimientos que, por su violencia, intensidad o duración, tienen una enorme capacidad de producir daño psicológico, pero aún así dos personas pueden vivir experiencias parecidas y no quedar afectadas de la misma manera.
Lo traumático no depende únicamente de qué pasó, sino también de cómo lo vivimos, qué recursos teníamos, qué apoyo recibimos y cómo pudimos afrontar después lo sucedido.
Si sientes que hoy reaccionas ante determinadas situaciones como si volvieras a vivir algo del pasado, y esto te genera malestar o limita tu vida, puedes ponerte en contacto con nosotros. Podemos ayudarte a comprender lo que te ocurre y trabajar contigo para que esas experiencias dejen de condicionar tu presente.
Laura Esquinas
Psicóloga Clínica
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