Cuando una tragedia nos enfrenta a nuestros miedos
Esta semana hemos vivido una nueva tragedia, el accidente ferroviario de Urda, en Toledo, justo un día antes de que se cumplieran dos años de la DANA de Valencia, una tragedia que todavía tenemos muy presente.
Ante situaciones como estas, hay personas que son víctimas directas o familiares de las víctimas. Lo importante es acompañarlas, escucharlas y ofrecerles aquello que necesiten, sin intentar intervenir más allá de lo que nos pidan. No necesitan necesariamente nuestros consejos ni que intentemos tranquilizarlas, sino que podamos estar a su lado, respetando sus tiempos y su manera de vivir lo que está ocurriendo.
Pero también hay muchas personas que, sin estar directamente afectadas, están sufriendo estos días. Y esto puede ocurrir por diferentes motivos.
Todos podemos sentir dolor ante una tragedia así. Podemos empatizar con las familias, imaginar lo que están viviendo y conmovernos profundamente. También podemos identificarnos con ellas y pensar que algo parecido podría habernos sucedido a nosotros o a alguien a quien queremos. Estas situaciones nos enfrentan a nuestra propia vulnerabilidad y nos recuerdan que no todo lo que ocurre en nuestra vida está bajo nuestro control.
En algunas personas, estos acontecimientos activan especialmente el miedo a que algo parecido pueda sucederles. Muchas de ellas ya viven con una sensación de amenaza y dedican grandes esfuerzos a anticipar, controlar o evitar aquello que temen.
Cuando ocurre una tragedia, pueden empezar a buscar información constantemente. Quieren saber qué ha pasado, cómo ha ocurrido, cuáles han sido las causas y si podría haberse evitado. Detrás de esta búsqueda suele haber un intento de recuperar la seguridad: si entiendo lo que ha pasado, quizás pueda identificar el peligro y evitar que me ocurra a mí.
El problema es que esta búsqueda no consigue tranquilizarnos y, cuando lo hace, es solo momentáneamente. En cuanto el miedo vuelve a activarse, necesitamos saber más. Se genera así un círculo en el que intentamos reducir nuestra incertidumbre, pero acabamos manteniendo y alimentando nuestros miedos.
También hay personas para las que el miedo no ocupa un lugar tan central, pero que estos días se encuentran pendientes de las noticias, las imágenes y los testimonios. A veces, simplemente porque nos cuesta dejar de mirar aquello que nos conmueve, nos impacta o nos resulta difícil de comprender.
Las redes sociales, además, facilitan esta exposición. Muchas veces ni siquiera buscamos esos contenidos, sino que nos aparecen automáticamente y acabamos dedicándoles mucho más tiempo del que pretendíamos.
Por eso, creo que es importante preguntarnos qué nos aporta seguir exponiéndonos al sufrimiento de otras personas. Una cosa es estar informados, pero ¿qué sentido tiene permanecer constantemente pendientes de situaciones de dolor sobre las que no podemos intervenir? No necesitamos presenciar el sufrimiento de los demás para mostrar empatía.
Podemos ayudar de muchas maneras: aportando recursos, donando sangre si se solicita, colaborando con los dispositivos de ayuda si somos profesionales y podemos hacerlo o difundiendo información útil y contrastada.
Sin embargo, cuando esta exposición no nos permite ayudar ni nos aporta información útil, puede acabar generándonos una angustia innecesaria.
Estar informados es importante, pero también lo es decidir cuándo y cómo hacerlo y reconocer cuándo necesitamos desconectar. No se trata de desentendernos de lo que sucede ni de ser indiferentes al sufrimiento de los demás. Podemos sentirnos afectados por una tragedia, preocuparnos por quienes la están viviendo y querer ayudar sin necesidad de estar constantemente pendientes de lo que ocurre.
Y si estos acontecimientos te han activado especialmente el miedo a que algo parecido pueda sucederte, si necesitas buscar información continuamente para tranquilizarte o estás experimentando mucha angustia, quizás sea un buen momento para trabajar esos miedos en un espacio terapéutico.
Si necesitas ayuda, puedes ponerte en contacto con nosotros.
Laura Esquinas
Psicóloga Clínica
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