Entrada: La ansiedad no es el problema,
El otro día acudió a terapia una persona que consultaba por fobia social. No era la primera vez que iniciaba un proceso terapéutico. Al hablar de su experiencia previa, explicó que había realizado varios tratamientos, pero que siempre los dejaba cuando empezaba a encontrarse un poco mejor y la ansiedad disminuía.
Esto es algo bastante habitual y comprensible. Cuando una persona vive con ansiedad , ya sea fobia social, agorafobia, claustrofobia o ataques de pánico, el malestar puede ser muy intenso y limitar considerablemente la vida diaria. En las primeras fases de la terapia suele priorizarse aliviar estos síntomas, porque son los que más hacen sufrir. Cuando la ansiedad baja, aparece alivio y la sensación de poder retomar la vida con normalidad, y en ese momento muchas personas se plantean dejar la terapia.
Sin embargo, la ansiedad no suele ser el problema principal, sino la forma en la que se expresan dificultades más profundas. Los síntomas funcionan como una señal de patrones de funcionamiento, conflictos internos o maneras de relacionarse con uno mismo y con los demás que aún no se han trabajado.
En este caso, cada vez que la persona retomaba su vida tras mejorar, aparecían situaciones que la volvían a conectar con el miedo al juicio y con la preocupación por lo que otros pudieran pensar. Con ello reaparecía la ansiedad y, como consecuencia, la tendencia a aislarse como forma de protección.
La interrupción repetida de los procesos terapéuticos había impedido abordar la dificultad de fondo: aprender a aceptarse y validarse internamente, más allá de las circunstancias externas. Cuando una persona depende en exceso de la validación de los demás y le cuesta tolerar el juicio externo, la confianza interna se vuelve frágil y fácilmente vulnerable.
En el proceso terapéutico actual, el trabajo no se centra solo en reducir los síntomas, sino también en comprender qué ha mantenido este funcionamiento y en construir una relación más estable y cuidadosa consigo misma. El objetivo es que pueda sentirse más libre para ser ella misma en los distintos contextos de su vida.
En estos casos, puede ser útil no decidir dejar la terapia únicamente porque los síntomas hayan disminuido. Dedicar un espacio a entender qué ha cambiado, si esos cambios son estables y en qué momentos la ansiedad podría volver a aparecer, puede ayudar a tomar una decisión más consciente sobre si continuar o cerrar el proceso.
Si consideras que puede ser útil trabajar estos aspectos en un espacio terapéutico, puedes ponerte en contacto conmigo.
Laura Esquinas
Psicóloga Clínica
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