No sé si quiero ser madre

Es frecuente encontrarnos en terapia con mujeres que llegan haciéndose una misma pregunta:

«No sé si quiero ser madre.»

La maternidad suele vivirse de una forma bastante polarizada. Hay mujeres que sienten que siempre han querido ser madres. Sus preocupaciones tienen más que ver con las circunstancias: encontrar una pareja con la que quieran dar ese paso, tener estabilidad económica, disponer de una vivienda o sentir que ha llegado el momento adecuado.

Pero también hay mujeres para las que esta duda las acompaña desde hace años. Una pregunta que permanece en un segundo plano hasta que empieza a hacerse más presente cuando toman conciencia de que la posibilidad biológica de ser madres no será infinita.

Algunas deciden congelar sus óvulos para disponer de más tiempo. Otras sienten la necesidad de resolver cuanto antes esa incertidumbre. Y muchas comparten un mismo miedo: arrepentirse. Arrepentirse si deciden ser madres. O arrepentirse si finalmente no lo hacen.

Ser madre no es únicamente tener un hijo. También implica cuidar, acompañar y ayudar a otra persona mientras va creciendo hasta convertirse en un adulto autónomo. Mirar la maternidad desde esta perspectiva hace que muchas mujeres descubran aspectos de esta decisión sobre los que hasta ese momento no habían reflexionado.

Cuando trabajamos esta cuestión en terapia, solemos reflexionar sobre lo que puede significar incorporar la maternidad a la propia vida. Si apetece, si motiva y si una está dispuesta a hacerse cargo de esa nueva área que pasará a formar parte de su vida.

La maternidad supone un cambio profundo. Durante un periodo importante implicará dedicar una parte significativa del tiempo, de la energía y de la atención a cuidar, acompañar y ayudar a otra persona mientras va creciendo.

Este camino puede implicar amor, alegría, ilusión y una profunda sensación de vínculo. Pero también puede traer cansancio, incertidumbre, frustración, renuncias, miedo, culpa y momentos en los que una se pregunte si lo está haciendo bien.

Con el paso del tiempo, esa relación irá transformándose hasta que ese hijo o esa hija pueda desenvolverse de forma autónoma y la maternidad ocupe un lugar diferente en la vida de quien la ejerce.

Como ocurre con cualquier decisión importante, habrá momentos de duda incluso después de haber elegido.

Después de hacer esta reflexión, muchas mujeres sienten que pueden pensar la maternidad de una forma más amplia. Ya no solo se preguntan si desean tener un hijo o si podrían arrepentirse de su decisión. También pueden preguntarse si quieren incorporar la maternidad a su vida y todo lo que eso implica.

En muchas ocasiones, eso les permite tomar una decisión más consciente y más acorde con la vida que desean construir.

Laura Esquinas

Psicóloga Clínica

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