No se trata de tener razón, sino de no perderte a ti
Pasamos gran parte de nuestro tiempo hablando con amigos, en el trabajo, a través de redes, con la familia. Establecemos conversaciones superficiales, profundas, divertidas o simplemente conversaciones sin más. Y entre ellas, de repente, aparece una frase que se presenta como inquebrantable, sobre la que parece casi imposible debatir o incluso rebatir. El contenido es lo de menos: puede ser algo profundo como “el feminismo sigue siendo totalmente necesario” o algo más cotidiano como “con tu edad deberías tener un trabajo estable”. Lo relevante es el mensaje que acompaña a la frase: “la verdad tiene un solo camino” o “hay una manera correcta de hacer las cosas”, a veces con una idea implícita: “y es la mía”.
La incertidumbre personal, laboral y relacional que vivimos incide directamente en nuestro estado psicológico. En la búsqueda de bienestar, el ser humano tiende a necesitar seguridad para reducir esa incertidumbre, y es ahí donde construye certezas sobre sus opiniones. Tener opinión es necesario. Te permite sostenerte, construir criterio, orientarte en tus decisiones y relacionarte con los demás. Pero no deja de ser eso: tu visión del mundo. Puede ser compartida por muchos, pero no establece ninguna verdad universal.
Cuando te encuentras con alguien que habla desde esa certeza rígida, lo habitual es que aparezcan emociones como rabia, impotencia o incredulidad. Y ahí la clave no está tanto en cambiar al otro como en qué haces tú con eso. Intentar gustarle o buscar su aprobación tiene un coste alto, porque implica dejarte fuera. Entrar en la confrontación tampoco suele funcionar: es fácil acabar en una lucha por tener razón donde cada uno refuerza más su posición. Y muchas veces, además, no hay un espacio real para el cambio.
Por eso, el movimiento más útil es hacia dentro. Poder reconocer qué te pasa, gestionar esa reacción y decidir cómo quieres responder. No puedes elegir lo que sientes, pero sí qué haces con ello. Colocar un filtro a lo que escuchas y dejar de tomarlo como algo personal te permite no reaccionar de forma automática.
A partir de ahí, puedes elegir. Puedes marcar tu posición con frases como “escucho lo que me dices, pero no lo comparto” o “entiendo tu punto, pero pienso diferente”. Puedes usar el humor o la ironía si encaja contigo. Puedes darte tiempo si el impacto ha sido grande: “lo que me dices me ha impactado, necesito un momento”. O simplemente puedes no entrar y decidir que no merece la pena invertir energía ahí.
También existe la opción de limitar el contacto si es algo que se repite y te desgasta. Y si necesitas llegar a un acuerdo con esa persona, puedes mover la conversación a otro lugar: “pensamos diferente, pero necesitamos encontrar una forma de hacerlo funcionar, ¿cómo lo hacemos?”.
No se trata de salir victorioso de estas conversaciones, sino de no perderte a ti en el intento.
Si te has sentido identificado con esto o crees que puede ayudar a alguien, puedes compartirlo. Y si sientes que necesitas trabajar algo de esto, la terapia puede ser un espacio donde empezar a hacerlo.
Laura Esquinas
Psicóloga Clínica
📩 Contacto
📱 WhatsApp: 616 873 939
✉️ Correo: info@lauraesquinas.com
🌐 Web: https://www.lauraesquinas.com
📷 Instagram: https://www.instagram.com/psico.lauraesquinas