¿Te quedas en blanco y luego sabes qué decir?

Por qué te quedas en blanco cuando algo te incomoda

Te ha pasado que alguien te dice algo que te incomoda, te critica o cruza un límite y en ese momento no respondes: no sabes qué decir, te quedas en blanco o lo que dices no te parece muy elocuente, y horas después, cuando ya no estás allí, aparece aquello que te hubiese gustado decir, algo que habría sido más coherente contigo.

 

Pues a esta situación se le llama síndrome de la escalera. Se llama así porque la respuesta que hubieses querido dar aparece cuando ya estás saliendo del lugar, metafóricamente “bajando la escalera”, es decir, cuando la conversación ha terminado y ya no puedes decir lo que querías decir.

 

Este fenómeno es frecuente y tiene una explicación psicológica. Cuando algo nos impacta emocionalmente, el sistema nervioso se activa. Puede aparecer tensión, bloqueo o dificultad para organizar el pensamiento. Y como ya he explicado en otras ocasiones, cuando el cuerpo entra en alerta disminuye la capacidad de elaborar una respuesta compleja.

 

Aunque puede ocurrirle a cualquier persona, suele darse con más frecuencia en quienes temen el conflicto, tienen miedo al rechazo o han aprendido a preservar el vínculo por encima de la confrontación.

 

Cuando la activación baja, la mente recupera claridad y entonces aparece la respuesta. Y junto a ella, muchas veces, surge el juicio: “tendría que haberlo dicho”, “siempre me pasa lo mismo”, “no sé defenderme”. Juzgarte no ayuda. Lo que puede ayudarte es entender que la activación fisiológica que tuviste no te permitió dar esa respuesta en ese momento.

 

Pero lo más importante es saber que no haberlo dicho en el instante no significa que no pueda decirse después. Volver sobre la conversación, aclarar lo ocurrido o expresar el malestar también es una forma válida de posicionarte. En ocasiones incluso es más adecuada, porque has tenido más tiempo para pensar qué quieres decir y cómo quieres decirlo.

 

En el proceso terapéutico podemos ayudarte a identificar qué se activa en ti en esas situaciones, a entender qué miedo está operando y a entrenar una manera de posicionarte que no dependa de reaccionar rápido, sino de poder expresarte de forma coherente contigo misma, aunque sea más tarde.

 

Si consideras que puede ser útil trabajar estos aspectos en un espacio terapéutico, puedes ponerte en contacto conmigo.

Laura Esquinas

Psicóloga Clínica

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