Tener interés no es utilizar
Últimamente se habla mucho en redes sobre el individualismo en las relaciones sociales y sobre una tendencia cada vez más visible: valorar los vínculos únicamente por lo que obtenemos de ellos.
Sin embargo, para construir una relación tiene que existir algún tipo de interés. Nos acercamos a alguien porque nos gusta, porque nos importa, porque disfrutamos de su compañía o porque encontramos algo valioso en el vínculo. Si no hubiera ningún interés por nuestra parte, ¿qué nos llevaría a construir esa relación?
La cuestión no está, por tanto, en relacionarnos sin interés. La diferencia está entre tener interés en una relación y hacer uso de ella.
Hacemos uso de una relación cuando contemplamos a la otra persona únicamente desde aquello que nos aporta: qué me da, cómo me hace sentir, qué necesidad me cubre o para qué me puede servir. El vínculo queda entonces reducido a su utilidad. El otro deja de ocupar el lugar de una persona completa y pasa a existir, principalmente, en función de nuestras necesidades.
Construir una relación implica algo distinto. Supone reconocer que la otra persona no es solo alguien de quien recibimos, sino alguien con sus propios deseos, necesidades, límites y dificultades. Implica interesarnos por su experiencia, aceptar que no siempre podrá ofrecernos lo que esperamos y comprender que el vínculo no gira exclusivamente alrededor de nuestro bienestar.
Toda relación contiene un interés, pero no toda relación tiene por qué ser interesada.
Laura Esquinas
Psicóloga Clínica
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