Trabajar bajo el miedo

A veces llegan personas a terapia explicando que tienen un jefe complicado. No hablan de alguien exigente o con estándares altos. Hablan de alguien que parece necesitar supervisarlo todo, que corrige constantemente, al que le cuesta delegar, que se ríe o ridiculiza cuando alguien se equivoca, que necesita dejar claro quién manda y que parece encontrar cierta satisfacción en demostrar su poder.

Las personas que necesitan demostrar constantemente su autoridad suelen depender mucho de ella para sostener su autoestima. No les basta con ocupar una posición de poder; necesitan que los demás la reconozcan continuamente. Por eso pueden vivir los errores ajenos como una oportunidad para reafirmarse, las opiniones diferentes como una amenaza o la autonomía de los demás como algo que pone en riesgo su posición.

Cuando trabajamos en equipo es importante poder delegar, aceptar que otros hagan las cosas de manera diferente e incluso tolerar que alguien destaque en algo más que nosotros. Sin embargo, para algunas personas esto resulta especialmente difícil.

El problema es que trabajar con personas que necesitan sostenerse a través del control suele ser agotador. Muchas de las personas que atiendo terminan desarrollando una vigilancia constante: revisan varias veces un correo antes de enviarlo, anticipan posibles críticas, intentan no cometer errores y acaban dedicando mucha energía a gestionar el estado de ánimo de su jefe en lugar de centrarse en su propio trabajo.

Con el tiempo, el entorno laboral deja de ser un lugar donde desarrollarse y se convierte en un espacio donde intentar evitar daños. La preocupación deja de ser «¿Cómo puedo hacer bien mi trabajo?» para convertirse en «¿Cómo puedo evitar que me señalen, me humillen o me cuestionen?». Y esto tiene un coste psicológico importante.

Cuando hablamos de relaciones difíciles solemos pensar en parejas, amistades o familia. Sin embargo, la relación laboral con una figura complicada puede influir profundamente en nuestra autoestima, en nuestra sensación de competencia y en nuestro bienestar emocional.

Por eso, si en tu trabajo te sientes constantemente pequeño, inútil o cuestionado, quizá sea importante preguntarte qué tipo de liderazgo tienes delante.

A veces, personas muy competentes acaban dudando de sí mismas cuando trabajan durante demasiado tiempo bajo liderazgos que necesitan señalar constantemente los errores ajenos para sostener su propia posición.

Algunas personas utilizan el control, la superioridad o la humillación como una forma de proteger fragilidades que no saben gestionar de otra manera. Y no tienes que comprenderlo ni justificarlo para reconocer el daño que produce. Entender por qué alguien actúa así puede ayudarnos a no personalizar ciertas conductas, pero no elimina el impacto que tienen sobre quienes las reciben.

Quizá una de las preguntas más importantes no sea por qué esa persona necesita ejercer el poder de esa manera, sino cuánto tiempo estamos dispuestos a permanecer en un entorno donde alguien necesita hacerse grande haciendo sentir pequeños a los demás.

 

Laura Esquinas

Psicóloga Clínica

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