Volver a confiar en tu brújula
Hay personas que llegan a terapia dudando de sí mismas. Dudan de si lo que sienten es cierto, de si lo que piensan es real, de si se están inventando aquello que ven e incluso de la interpretación que hacen del mundo.
Una cosa es tener dificultades para tomar decisiones, dudar entre diferentes opciones o necesitar tiempo para saber qué queremos hacer. Otra, muy diferente, es no dar validez a aquello que pensamos, sentimos o percibimos; es decir, desconfiar de nuestra propia lectura de lo que nos sucede, de aquello que podríamos llamar nuestra brújula interna.
Necesitamos poder confiar en esa brújula: en nuestras sensaciones y emociones, en aquello que hemos vivido y en la manera en que lo hemos experimentado.
Cuando exploramos de dónde procede esta desconfianza hacia uno mismo, podemos encontrar experiencias tempranas y repetidas de invalidación. Por ejemplo, una niña que se queja de que existe un trato diferente entre los hermanos y a la que siempre se le responde que eso no es verdad, que se lo está inventando o que las cosas no han sucedido como ella las explica. O un niño que ve beber a su padre y que, cuando se lo comenta, recibe como respuesta que aquello que ha visto no es cierto, que allí no había ninguna botella.
Convivir desde pequeños con este tipo de experiencias puede llevarnos a construir muy pronto determinadas ideas sobre nosotros mismos: quizás lo que siento no tiene sentido, quizás lo que pienso es incorrecto, quizás la otra persona esté en lo cierto y sea yo quien se lo haya inventado.
Entonces aparece una cuestión importante: si no puedo apoyarme en mí, ¿en qué me apoyo? Si no soy mi propia base para moverme por el mundo, ¿dónde está esa base?
Vivir así puede resultar muy angustiante. Cuando no podemos confiar en nuestra propia brújula, queda abierta la posibilidad de que cualquier otra persona ocupe ese lugar. Puede hacerlo incluso desde una posición muy dominante, determinando qué ocurrió, qué deberíamos sentir o cuál es la interpretación correcta de aquello que hemos vivido.
Pero confiar en nuestra brújula interna no significa considerar que nuestra interpretación de las cosas es siempre «la verdad». De hecho, quienes trabajamos en terapia de pareja nos encontramos constantemente con que dos personas pueden explicar una misma situación de maneras completamente diferentes. En ocasiones, parece incluso que hayan vivido dos situaciones distintas, aunque ambas estuvieron allí.
No interpretamos lo que vivimos únicamente a partir de lo que objetivamente sucede. También lo hacemos desde nuestra historia, nuestras experiencias anteriores, nuestras emociones, nuestras expectativas y el momento vital en el que nos encontramos.
Por eso necesitamos aprender a convivir con la posibilidad de que existan dos vivencias diferentes de una misma situación. Poder escuchar la mirada del otro sin que eso implique renunciar a la nuestra y reconocer su experiencia sin invalidar la propia.
Si dudas constantemente de aquello que sientes, de lo que piensas o de tu manera de interpretar lo que te sucede, puede ser importante pedir ayuda para volver a confiar en tu propia brújula y relacionarte con los demás sabiendo que tu experiencia tiene un lugar y que la experiencia del otro también puede tenerlo.
Laura Esquinas
Psicóloga Clínica
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